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Diversidad biológica y ecosistemas.


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By Antonio - Posted on 23 June 2008

La diversidad biológica, fuente de un enorme valor ambiental, económico y cultural, se verá amenazada por el rápido cambio climático.

La composición y distribución geográfica de los ecosistemas ha de cambiar a medida de que cada alguna de las especies responda a las nuevas condiciones creadas por el cambio climático. Al mismo tiempo, los hábitats podrían degradarse y fragmentarse en respuesta a otras presiones humanas. Las especies que no puedan adaptarse con suficiente rapidez podrían extinguirse, lo que representaría una pérdida irreversible.

Las especies y los ecosistemas ya han comenzado a responder al calentamiento mundial.

Los científicos han observado cambios inducidos por el clima por lo menos en 420 procesos físicos y especies o comunidades biológicas. Entre los cambios pueden mencionarse la llegada más temprano de las aves migratorias en la primavera, y su partida más tarde en el otoño, una prolongación de la temporada de cultivo europea, de 10,8 días, para los huertos de especies combinadas controlados desde 1959 a 1993, un periodo de reproducción más temprano en primavera para muchas aves y anfibios, y el movimiento hacia el Norte de mariposas, grillos y moscas dragones que son sensibles al frío.

Los bosques se adaptan lentamente a la evolución de las condiciones.

Las observaciones, los experimentos y los modelos demuestran que el funcionamiento y la composición de los bosques se vería afectada por un aumento sostenido de sólo 1ºC en la temperatura media mundial. La composición de las especies en los bosques actuales cambiará, y podría establecerse una nueva combinación de especies, y por ende, nuevos ecosistemas. Entre otras tensiones causadas por el calentamiento figurarán más plagas, patógenos e incendios. Como se prevé que las latitudes más elevadas han de calentarse más que las latitudes ecuatoriales, los bosques boreales estarán más afectados que los bosques templados y tropicales; los bosques boreales de Alaska ya se están expandiendo hacia el Norte a una velocidad de 100 kilómetros por grado centígrado.

Los bosques desempeñan una importante función en el sistema climático.

Son los principales depósitos de carbono, y contienen un 80% de todo el carbono almacenado en toda la vegetación terrestre, y cerca del 40% del carbono que reside en el suelo. Durante la transición de un tipo de bosque a otro, pueden emitirse grandes cantidades de carbono en la atmósfera si la mortalidad libera el carbono más fácilmente de lo que puede absorberse mediante la regeneración y el crecimiento. Los bosques también afectan directamente el clima a escala local, regional y continental, al influir en la temperatura del suelo, la evapotranspiración, la topografía irregular, el albedo (o reflectividad), la formación de nubes y las precipitaciones.

Los desiertos y ecosistemas áridos y semiáridos pueden volverse más extremos.

Con pocas excepciones, se proyecta que los desiertos se vuelvan más cálidos pero no significativamente más húmedos. Las temperaturas más altas podrían amenazar a los organismos que existen actualmente cerca de sus limites de tolerancia térmica. u En las praderas se podrían experimentar una alteración de las temporadas de cultivo. Las praderas albergan aproximadamente al 50% del ganado del mundo y en ellas también habitan especies silvestres. Los cambios de temperatura y precipitaciones pueden configurar nuevamente la fronteras entre las praderas, la zona arbustiva, los bosques y otros ecosistemas. En las regiones tropicales esos cambios en los ciclos de la evapotranspiración podrían afectar significativamente la productividad y la combinación de especies.

Las regiones montañosas ya están sujetas a una importante tensión debido a las actividades humanas.

La disminución proyectada en los glaciales montañosos, el permafrost y la capa de nieve han de afectar aún más la estabilidad del suelo y los sistemas hidrológicos (ya que la mayoría de los sistemas fluviales nacen en las montañas). A medida que los ecosistemas y las especies se ven obligados a emigrar hacia la cúspide de las montañas, aquellos que están limitados a las cimas montañosas pueden no tener donde ir y extinguirse; las observaciones muestran que algunas especies vegetales están subiendo en altitud, de uno a cuatro metros por decenio, en los Alpes europeos, y que algunas especies de cimas de montaña ya han desaparecido. También se verán afectados la agricultura, el turismo, la energía hidroeléctrica, la tala de árboles y otras actividades económicas. La alimentación y los recursos de combustible de las poblaciones indígenas en muchos países en desarrollo podrían verse perturbados.

La criosfera ha de seguir contrayéndose.

La criosfera que representa cerca del 80% del agua dulce, abarca toda la nieve, hielo y permafrost de la tierra. El permafrost está desapareciendo en todo el mundo incluso alrededor del Lago Baikal en Siberia, el lugar más frío del Hemisferio Norte, desestabilizando la infraestructura y liberando carbono y metano adicional en la atmósfera. Los glaciales montañosos se están reduciendo; casi dos terceras partes de los glaciares del Himalaya se han contraído en el pa-sado decenio, y los glaciales andinos han retrocedido de forma espectacular o desaparecido. Esto ha de afectar los ecosistemas y comunidades vecinas, así como las corrientes fluviales estacionales y los suministros de agua, lo que a su vez tiene consecuencias en la energía hidroeléctrica y la agricultura. Los paisajes de muchas cadenas montañosas y regiones polares han de cambiar de forma impresionante. La reducción del hielo de los mares podría prolongar la temporada de navegabilidad para determinados ríos y zonas costeras. El hielo del Mar Ártico ha adelgazado en un 40% en los últimos 30 años, y su extensión se ha contraído en cerca de 10 al 15%. Pese a estos muchos efectos de contracción, no se prevé que el manto de hielo de Groenlandia cambie mucho durante los próximos 50 a 100 años.

Las tierras húmedas no sujetas a mareas también se verán reducidas.

Las zonas de aguas abiertas y anegadas ofrecen refugio y zona de reproducción a muchas especies. También contribuyen a mejorar la calidad del agua y a controlar las inundaciones y sequías. Los estudios de varios países indican que un clima más cálido ha de contribuir a la disminución de las tierras húmedas debido a una mayor evaporación. Al alterar sus regímenes hidrológicos, el cambio climático influirá en las funciones biológicas, bioquímicas e hidrológicas de estos ecosistemas, así como su distribución geográfica.

Las actividades humanas también pueden contribuir a que los ecosistemas naturales se adapten al cambio climático.

La creación de corredores naturales de emigración y la ayuda a especies concretas para que emigren redundaría en beneficio de los ecosistemas forestales. La reforestación y la “gestión integrada” de los incendios, las plagas y las enfermedades también pueden contribuir. Se pueden apoyar las praderas a través de una selección activa de especies vegetales, el control de las poblaciones animales y nuevas estrategias de pastoreo. Se pueden restablecer e incluso crear tierras húmedas. Las tierras desertificadas podrían adaptarse mejor si se alientan las especies tolerantes a las sequías y mejores prácticas de conservación del suelo.

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Secretaría sobre el Cambio Climático (UNFCCC).

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