La agricultura y la seguridad alimentaria.

La agricultura mundial ha de hacer frente a muchos problemas en los próximos decenios.

La degradación de los suelos y los recursos hídricos ha de crear grandes presiones en la consecución de la seguridad alimentaria para las poblaciones en pleno crecimiento.

Estas condiciones pueden verse agravadas por el cambio climático. Si bien un calentamiento mundial de menos de 2,5ºC podría no tener efectos signi-ficativos en la producción global de alimentos, un calentamiento de más de 2,5ºC podría reducir la oferta mundial de alimentos y contribuir a un aumento de los precios de los alimentos.

Algunas regiones agrícolas se verán amenazadas por el cambio climático, mientras que otras podrían extraer beneficios.

Los efectos en la producción y productividad de los cultivos han de variar considerablemente. La mayor tensión térmica, el desplazamiento de los monzones y los suelos más secos podrían reducir la producción hasta en un tercio en las zonas tropicales y subtropicales, en que los cultivos ya están cerca de su tolerancia máxima al calor. Las zonas medias continentales tales como el cinturón cerealero de los Estados Unidos, extensas secciones de Asia en la latitud media, el África subsahariana y partes de Australia según lo previsto deberían experimentar condiciones más secas y cálidas. En cambio, una prolongación de las temporadas de siembra y un aumento de las lluvias podrían impulsar la producción en muchas regiones templadas; las constantes indican que la temporada ya se ha prolongado en el Reino Unido, Escandinavia, Europa y América del Norte.

Las temperaturas más elevadas han de influir en las pautas de producción.

El crecimiento de las plantas y la salud podrían resultar beneficiados al haber menos heladas y temperaturas glaciales, pero algunos cultivos podrían resultar perjudicados por el aumento de las temperaturas, particularmente si está combinado con escasez de agua. La maleza puede expandir su zona de distribución hacia hábitats de latitudes más elevadas. Hay también algunas pruebas de que la expansión hacia los polos de los insectos y las enfermedades de las plantas agravaría el riesgo de pérdida de los cultivos.

La humedad del suelo se verá afectada por el cambio de las pautas de las precipitaciones.

Sobre la base de un calentamiento mundial de 1,4 –5,8ºC en los próximos 100 años, los modelos climáticos proyectan que ha de aumentar la evaporación y las precipitaciones, así como la frecuencia de las lluvias torrenciales. Mientras que algunas regiones podrían volverse más húmedas, en otras el efecto neto de una intensificación del ciclo hidrológico será la pérdida de la humedad del suelo y una mayor erosión. Algunas regiones que ya son propensas a la sequía podrían sufrir periodos secos más largos y más severos. Los modelos también proyectan un desplazamiento estacional en las pautas de las precipitaciones; la humedad del suelo disminuirá en algunas regiones continentales de latitud media durante el verano, mientras que la lluvia y la nieve probablemente aumentarán en las latitudes elevadas durante el invierno.

Una mayor cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera podría impulsar la productividad.

En principio, los niveles más elevados de CO2 deberían estimular la fotosíntesis en determinadas plantas. Ello se aplica particularmente a las llamadas plantas de categoría C3, debido a que la mayor parte del dióxido de carbono tiende a suprimir la fotorespiración. Las plantas C3 representan la mayoría de las especies de todo el mundo, especialmente en los hábitas más cálidos y húmedos, e incluyen gran parte de especies de cultivos, tales como el trigo, el arroz, la cebada, la mandioca y la patata. Los experimentos basados en un aumento del 50% de las concentraciones actuales de CO2 han confirmado que la “fertilización con CO2” podría aumentar la producción media de cultivos C3 en un 15% en condiciones óptimas. Las plantas C4 también utilizarían el agua de forma más eficiente, pero los efectos en la producción serían menores si no hay escasez de agua. Las plantas C4 incluyen a los cultivos tropicales como el maíz, la caña de azúcar, el sorgo y el mijo, que son importantes para la seguridad alimentaria de muchos países en desarrollo, así como para el pasto y las hierbas de forraje. Estos efectos positivos, sin embargo, podrían verse reducidos si hay cambios en las temperaturas, las precipitaciones, las plagas y la disponibilidad de nutrientes.

La productividad de las praderas y pastizales también se vería afectada.

Por ejemplo, el ganado podría resultar más oneroso si la perturbación agrícola lleva a un aumento de los precios de los cereales. En general, al parecer los sistemas de ganadería sujetos a una intensa ordenación podrían adaptarse más fácilmente al cambio climático que los sistemas de cultivo. Sin embargo, esto podría no aplicarse a los sistemas pastorales, en que las comunidades tienden adoptar nuevos métodos y tecnologías más lentamente y el ganado depende más plenamente de la productividad y calidad de las praderas, que podrían verse degradadas.

La producción mundial de las pesquerías marinas debería permanecer invariable ante el calentamiento mundial.

Los principales efectos se observarán en los planos nacional y local, en la medida en que cambie la combinación de las especies y la población responda cambiando de lugar las pesquerías. Estos posibles efectos locales podrían amenazar la seguridad alimentaria de los países que dependen en gran medida de la pesca. En general, algunos de los efectos positivos del cambio climático serían una prolongación de las temporadas de cultivos, una menor mortalidad natural en invierno, y un índice de crecimiento más rápido en las latitudes más elevadas. Los cambios negativos serían una perturbación en las pautas establecidas de reproducción, las rutas migratorias, y las relaciones del ecosistema.

Los riesgos a la seguridad alimentaria son primordialmente locales y nacionales.

Los estudios indican que la producción agrícola mundial podría mantenerse en relación con los niveles de referencia previstos en los próximos 100 años si el cambio de clima es moderado (calentamiento por debajo de 2ºC). Sin embargo, los efectos regionales variarían ampliamente, y algunos países podrían experimentar una reducción de la producción incluso si toman medidas para adaptarse. Esta conclusión toma en cuenta los efectos benéficos de la fertilización del CO2 , pero no otros posibles efectos del cambio climático, entre ellos, los cambios en las plagas y los suelos agrícolas. u Las personas más vulnerables son las que no tienen tierra, son pobres y están aisladas. Las condiciones mediocres del comercio, la escasa infraestructura, la falta de acceso a la tecnología y la información y los conflictos armados, harán más difíciles que estas personas puedan hacer frente a las consecuencias del cambio climático en la agricultura. Muchas de las zonas más pobres del mundo, que dependen de sistemas agrícolas aislados en regiones semiáridas y áridas, están expuestas a los mayores riesgos. Muchas de estas poblaciones expuestas viven en el África subsahariana, el Asia meridional, oriental y sudoriental, las zonas tropicales de América Latina y algunos países insulares del Pacífico.

Las políticas eficaces pueden contribuir a mejorar la seguridad alimentaria.

Los efectos negativos del cambio climático pueden verse limitados por los cambios en los cultivos y las variedades de cultivos, mejores sistemas de gestión de agua y de riego, programas de siembra y prácticas de labranza adaptadas y mejor gestión de las cuencas y planificación del uso de la tierra. Además de abordar las respuestas fisiológicas de las plantas y los animales, las políticas pueden tratar de mejorar la manera en que los sistemas de producción y distribución hacen frente a las fluctuaciones en el producto.

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Secretaría sobre el Cambio Climático (UNFCCC).

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