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¿Desarrollo Sostenible o Desarrollo Resilente?

(Por Teresa Flores) El concepto sostenible fue introducido en 1980 por la Estrategia Mundial para la Conservación, que buscaba dar los lineamientos para cambiar las tendencias ambientalmente destructivas que se producían en los procesos de desarrollo.
El término sostenible se refiere a un proceso que se puede mantener de forma continua a un determinado ritmo o nivel a lo largo del tiempo, como ocurre con los ciclos bioquímicos que mantienen el funcionamiento de la biósfera. A diferencia del término sostenido que significa que algo se puede mantener por un tiempo limitado, el sostenible se basa en la emulación de los ciclos naturales que se continúan renovando por milenios y que han permitido que proliferen y se diversifiquen las formas de vida en el planeta.
A fines de los años ochenta, se llegó a un consenso mundial de que los procesos de
desarrollo debían cambiar porque estaban interfiriendo con los ciclos naturales, calentando la atmósfera, llevando a la extinción de miles de especies, destruyendo los bosques y los mares, agotando ciertos recursos naturales y contaminando todo el planeta, por eso se buscó dar una respuesta y salida a esta situación.
Como resultado, la Cumbre de la Tierra de 1992 proclamó el desarrollo sostenible como un nuevo paradigma que nos permitiría mejorar las condiciones de vida de la gente, sin destruir el medio ambiente. Es así que 175 países se adhirieron formalmente a esta idea firmando varios compromisos en la Cumbre de Río, y apoyando la Agenda 21 que dio las pautas programáticas para el cambio.
Sin embargo, el desarrollo sostenible no fue llevado a la práctica en ningún país del mundo. Si bien algunos países, como los escandinavos, mejoraron su gestión ambiental, no cambiaron el modelo lineal de desarrollo que termina con valiosos materiales en los botaderos de basura, con grandes emisiones de gases de invernadero, con la constante reducción de fuentes de agua o con la continua destrucción de hábitats, entre otros.
A pesar de ser aprobado formalmente, el desarrollo sostenible no fue comprendido y más bien fue fuertemente resistido por muchos años, pero actualmente la sostenibilidad y el desarrollo sostenible se han puesto de moda y las referencias al tema han crecido de forma exponencial en el ámbito académico.
Asimismo, en los documentos que se están negociando para Copenhague, se subraya la necesidad de adoptar el desarrollo sostenible para salvarnos de la crisis climática.
Sin embargo, como desde1992 hasta el presente, no se han producido progresos para superar la crisis ambiental global, sino todo lo contrario, ahora nos encontramos en una situación en que ya nada podrá ser sostenible. Esto se debe a que la temperatura media de la tierra ha aumentado en más de 0,7°C como resultado del aumento de la concentración del dióxido de carbono en la atmósfera, que en 1992 era de 356 partes por millón, y ahora es de 387 ppm.
Estos gases que se mantendrán por siglos en la atmósfera, continúan aumentando rápidamente. Esto resultará en una total alteración de los ecosistemas planeta, probablemente se derretirán completamente los polos y los glaciales de las montañas, los mares ocuparán una mayor superficie de la tierra y producirán desplazamientos masivos de gente, entre otros muchos impactos impredecibles.
En consecuencia, resulta poco realista pensar en un mundo sostenible, porque para lograrlo se necesitan condiciones estables que ya no existen. Ahora más bien lo que nos queda es prepararnos para enfrentar eventos climáticos extremos que cobrarán muchas vidas, destruirán ciudades, infraestructura, cultivos y mermarán las fuentes de agua. Por eso continuar con el discurso de la sostenibilidad ya no tiene sentido, aunque esto signifique una gran pérdida para aquellos que luchamos por ella.
Entonces, no nos queda más que volver a cambiar de paradigma, y reconocer que en las actuales circunstancias lo que necesitamos es un desarrollo resilente. Un ecosistema resilente es aquel que tiene la capacidad resistir y recuperarse de las los impactos y disturbaciones. Un desarrollo resilente es aquel que se va adaptando a condiciones ecológicas cambiantes y puede recuperarse de eventos climáticos extremos y condiciones ambientales adversas.
Esto implica una planificación y diseño de las políticas que incorpora sistemas y medidas de adaptación a los cambios climáticos, como la construcción de infraestructura, ciudades y viviendas con tecnologías y materiales más resistentes y duraderos. Requiere contar con sistemas de alerta temprana para prevenir a la población antes de que ocurran los desastres, construir refugios, contar con sistemas de almacenamiento del agua diversificados, utilizar energía renovable, ahorrar los recursos naturales, emplear cultivos resistentes a las heladas o a las inundaciones, entre otras muchas medidas que se pueden tomar para disminuir pérdidas. Las sociedades que apuesten por la resilencia, no correrán la misma suerte que los neandertales.
Fuente: E-Boletín Nro. 7 de la Asociación Boliviana Prodefensa de la Naturaleza (PRODENA), de la cual Teresa Flores Bedregal es vicepresidenta.
Fotografía de la galería de Fitziane en Flickr (cc)
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El principio de resiliencia proviene de la física, siuendo la cantidad de energía que hace falta aplicarle a un material hasta su rotura.
Se ha traspolado a los ecosistemas y a los colectivos humanos, pero esta traspolación es de dudosa conveniencia. Si bien en los ecosistemas y en los sistemas humanos se habla de resiliencia para connotar la capacidad de modificarse ante los cambios y aún las crisis, saliendo fortalecidos de ellas, caben dos cuestiones fundamentales:
Primero, la fuerza aplicada sobre una probeta de acero o las glaciaciones que influyeron sobre ecosistemas y poblaciones (no todas lograron ser "resilientes") son agentes involuntarios y naturales.
Pero naturalizar la acción del propio ser humano sobre la naturaleza y los grupos vulnerables, es otra cosa.
Aceptar que los pobres son resilientes limita peligrosamente con aceptar que se los puede seguir castigando porque igual se las arreglarán. Aceptar que el desarrollo se torne resiliente implica dar por hecho que las causas de la destrucción ambiental no pueden modificarse. En algún lugar, es bajar los brazos.
Segundo, la pregunta ¿y si no hubiera suficiente resiliencia? Porque ante suficiente fuerza, aún los materiales mas duros terminan por romperse. Y no me cabe duda que la escalada exponencial de perturbaciones y catástrofes ambientale tendrá la potencia necesaria para provocar la rotura, al menos, la de buena parte de la humanidad.
Entiendo que la postura de un desarrollo resiliente, y de adaptarnos al cambio puede ser considerada realista.
Pero no renuncio a quitar de raiz las causas del problema: el materialismo a ultranza de unos pocos, el economicismo de los gobiernos, la voracidad sin límites de las multinacionales, la legitimación de la acumulación capitalista.
Y confío en que la sociedad civil organizada en torno a valores espirituales y una visión multidimensional del desarrollo, combinada con las cada vez mas violentas respuestas de la Naturaleza, llevará al cese de las causas mismas.
Lucio Capalbo